Saltar al contenido
Inicio Sobre Mí Archivos Contacto Búsqueda
Crónicas

Cuero de Chancho

04 de agosto, 2026 4 min de lectura

Una pregunta aparentemente inocente toca una zona sensible. Entre la vergüenza, los testigos y la mala actuación de indiferencia, aparece esa grieta que uno descubre sólo cuando alguien la golpea.

Cuero de chancho

Y (me) pasó. Asestaron un golpe donde duele. En los sinuosos caminos de la vida llegará, inevitable, ese momento en el que una persona dirá o preguntará a otra algo que afectará profundamente su autoestima, será tomado como una ofensa y que considerará -como no- inmerecido. Podrá ser un dardo intencional o no, pero va a estar enmarcado en tres categorías: físico, intelectual y/o emocional. Este último estará presente sí o sí. Ahora, más de algún lector (o lectora, no se ofenda) podría añadir, juntar o mezclar alguna de estas categorías para solamente jactarse de una precisión no solicitada, pero lo relevante es identificar que tenemos sensibilidades afectables dependiendo de dónde la piel esté más delgada. Un sismógrafo, digamos, que señala cómo anda el Mercalli del cuero de chancho.

Sin entrar en detalles pues me dejaría a merced de malas personas (otro tema que en algún momento se debe tocar. Las canciones son buenas difusoras de esa condición de inhumanidad en mujeres y hombres. Basta recordar una que se picó y escribió una canción), mi punto es que no supe reaccionar. Lanzaron una pregunta que cayó en la grieta y, para peor, con testigos. Eso debe consignarse: cuando hay espectadores, es mucho, pero mucho peor, pues cae en las arenas movedizas de la vergüenza. Tensión e incomodidad nivel 10 en la subjetividad Mercalli.

Y no supe reaccionar. O, más bien, reaccioné, sí, pero inseguro, ruborizado y, peor, simulando (muy mal) indiferencia que probablemente los testigos notaron a kilómetros que se trataba de una muy mala actuación. Me retiré con la dignidad que me quedaba dejando atrás el bochorno que dejó el filoso y aparentemente inocente comentario. El fondo de esto es que tuve la inmodificable conclusión de no saber cómo cresta reaccionar ante este tipo de observaciones que, además intuyo, se visten de oveja, aunque no necesariamente haya un lobo debajo.

Henry James describe certeramente ese tipo de cuerda floja provocada por un comentario artero, a partir de la historia de una institutriz del siglo XIX que se ve excedida por situaciones escalofriantes a la luz de la vela sin saber cómo reaccionar, empujada por el deber y el miedo a fallar. Y es que la sensibilidad en un lugar u otro, dependiendo de la categoría, lo hace a uno andar agrietado sin saber que anda agrietado. Y el golpe de ese supuesto ataque delata la fisura como un buen palmetazo descubre la salud de una buena sandía de Paine. Bastaría con subir los puños y andar en guardia para prevenir esos hachazos, pero nos veríamos obligados a caminar acorazados. Quizás sea preferible visitar lugares amistosos sin temor a fuego enemigo. Pero James no quiso que su protagonista huyera y la institutriz se enfrentó a esas grietas que fueron provocadas por el terrorífico andar de los fantasmas que la acechaban en esa casona también llena de grietas.

Por otro lado, conozco a héroes —sobre todo heroínas— sin capa que enfrentan estas situaciones con una devolución mejor que la del Chino Ríos en su prime: apenas reciben algún exabrupto inesperado, regresan el golpe con gracia y, de paso, ponzoñosamente. Nocaut indesmentible. Les admiro porque saben esconder sus trizaduras a la perfección. Tristemente, algunos estamos (no voy a caer solo) más cerca de escribir una canción (o esta crónica) que de salir airoso de una arena movediza que me (nos) recuerda esos fantasmas que siempre andan rondando mi (nuestra) propia casona resquebrajada.

Newsletter

Mantente al tanto

Estrenos, publicaciones, talleres y procesos. Recibe las novedades directo en tu correo.

Cuero de chancho / Nueva crónica

En cartelera

Cuero de chancho / Nueva crónica

Una pregunta aparentemente inocente toca una zona sensible. Entre la vergüenza, los testigos y la mala actuación de indiferencia, aparece esa grieta que uno descubre sólo cuando alguien la golpea.

Más información